Cuantas veces no ha salido, como teníamos previsto, la ejecución de una técnica, porque nuestro “uke” no se ha movido como teníamos previsto que se moviese o no ha caído como pensábamos que iba a caer o se ha soltado, cuando no queríamos que lo hiciese o cualquier otro imprevisto suyo, que pensábamos, que no iba a ocurrir.
“¿Qué ha fallado?” Es lo primero que se nos pasa por la cabeza, sin hablar del “sonrojo” que sube por nuestras mejillas, mientras nuestros compañeros o alumnos miran expectantes, con cara de “bueno y ahora que…”
Nosotros hemos hecho correctamente nuestro “irimi”, nuestro “tenkan”, nuestro “nage”, nuestra técnica (¡pero… si lo he hecho lo mejor que sabía!… ¿que ha pasado?).
En estas situaciones, la mayoría de las veces, es nuestro “uke” el que “ha fallado”.
Como “uke”, debo de “prestar” mi cuerpo a mi compañero (“tori” o “nage”), para que lleve a buen término su trabajo, su técnica.
Si “tori” ofrece su mano para un “katatedori” y cuando inicia su “tenkan”, yo aflojo el agarre y le sujeto la muñeca con los dedos pulgar e índice, me habré librado de dolor en mi mano y si a eso le añado, que no me he movido, porque no tengo muchas ganas de moverme hoy, le habré terminado de “chafar” su técnica.
Como “uke” tengo que ser consciente, de que la buena ejecución de la técnica de “tori”, pasa por mis manos (nunca mejor dicho).
El ataque debe de ser sincero, rápido y fuerte, en la medida que “tori”, por su nivel, me lo permita.
Incluso cuando, por ejemplo, el agarre se me “ha escapado”, debo de hacer intención de seguirlo o como poco mantener contacto con la mano, hombro, codo o lo que quiera que fuese agarrar de “tori”.
Que sería de trabajos, como el que desarrollan determinados Maestros y sus discípulos; sin esta intencionalidad, las técnicas se convertirían en un cúmulo de despropósitos: (como “uke” no ha podido coger la muñeca de “tori”, se detiene y espera a ver “que pasa” o como “uke” se encuentra demasiado incomodo con el agarre que está haciendo, suelta y se detiene a ver “que pasa”).
¿No os ha pasado alguna vez, que al intentar desarrollar una técnica,”uke” agarraba tan fuerte, que en el momento que empezaba a hacer mis movimientos, “uke” se sentía tan incomodo, que enseguida se dejaba caer al “tatami”? Solución: antes de explicar o desarrollar la técnica en cuestión, hay que aleccionar sobre el ataque, haciendo de “uke” incluso.
El “uke” de menor grado, suelen ser el que carece de dicha intencionalidad en su ataque, tal vez, a veces, motivado por miedo al daño que se le pueda causar.
Aunque, en algunas ocasiones, nos encontraremos a practicantes de aikido (de cualquier nivel), que en su papel de “uke”, da la sensación de que nos van a decir en cualquier momento: “¡vamos, termina ya, que ahora me toca a mí!”.
Cada vez que “uke” ataca, por su cabeza suele pasar casi siempre la misma frase: “voy a ser lo más real posible con mi ataque, pero trátame bién, porque quiero salir ileso del “tatami” y que mañana sigamos siendo compañeros”.
Cuando se intente formar o como decía “O’sensei”, cuando intentemos sacar el Aikido, que hay dentro del que lo practica, las disciplinas de “tori” y de “uke”, deberían de ir paralelas.
Gran aporte Jorge, como siempre.
Yo tengo un punto de vista, que creo que puede complementar el tema:
No creo que haya nada mejor que trabajar con un Uke novato. Siempre te sorprenden con reacciones que nunca te esperas, y obligan a mejorar tu aikido.
Por otro lado, has hablado de los ataques fuertes y sinceros (ojalá todos fueran así). Tengo una clasificación para la gente que empieza esa vía. Normalmente cuando un Uke novato te ataca con sinceridad, suelo decir que son puertas: muy duros y rígidos, pero con el empujón adecuado caen con facilidad.
Luego hay veces que te encuentras con gente especial: Les suelo llamar algodones mojados. Son gente que no solo aplican peso en sus ataques, sino que además se te echan encima, y tienen una capacidad enorme de arrastrarte al suelo. Imagina el volumen y peso de una puerta hecha de algodón mojado ¿como lo mueves?
Hay que trabajar para aprender a mover a los dos tipos; a los primeros porque te obligan a trabajar con el hara, y también a los segundos, ya que en la calle la mayoría de la gente son puertas.
Como siempre, gracias por tus aportes.